Los puntos turbios y oscuros del caso Tajamar (Quintana Roo)

La insólita reacción de los cancunenses ante la destrucción de manglares en el llamado Malecón Tajamar es algo que amerita atención especial. No es frecuente que, ante un caso de afectación al medio ambiente, la comunidad se movilice tan rápida, decidida y enérgicamente como en esta ocasión: en sólo 48 horas se reunieron cuatro mil firmas en respaldo de la denuncia ciudadana para lograr que se detuvieran los trabajos, y grupos de mujeres de muy diversos estratos sociales y ocupaciones optaron por lo que podría llamarse acción directa, formando barreras humanas para detener la actividad de las máquinas que barrían la vegetación, sepultaban vivos a los animales que ahí habitan, y rellenaban el humedal.
Y hay que subrayar que esta amplia y casi instantánea respuesta ciudadana ocurrió pese a que la gran mayoría de los medios de comunicación, controlados por el gobierno estatal, intentaron minimizar o tergiversar el asunto, desorientar a la opinión pública, o francamente tendieron un manto de silencio sobre él.
Lo que esto indica, es que los habitantes de Cancún han llegado a un punto de hartazgo ante la sistemática destrucción de sus recursos naturales y el consiguiente deterioro de su calidad de vida. A lo largo de décadas han visto casi impotentes cómo se destruyen la selva, las playas, las dunas costeras y los humedales, con la tolerancia, indiferencia o franca complicidad de las autoridades de los diferentes niveles de gobierno y cómo lo que pudo haber sido una ciudad modelo por sus áreas verdes terminó convertido en una gran plancha de asfalto y concreto. Pero, como decimos, al parecer ya no están dispuestos a permitir que tal cosa siga ocurriendo.
Esta actitud de los cancunenses, preocupados por la protección y conservación del medio ambiente, contrasta sin embargo con la de las autoridades, incluso de aquellas cuya función es precisamente la salvaguarda de los recursos naturales. Así, el secretario de Ecología del gobierno estatal, Carlos Rafael Muñoz Berzunza, declaró desdeñosa y agresivamente, en respuesta a la demanda ciudadana: “El desarrollo no se va a detener… Tajamar ya estaba pensado para desarrollarse. Que se vayan a respirar a Sian Ka’an. Nosotros respiramos en Cancún”.
Es la típica actitud de un funcionario prepotente a quien tiene sin cuidado lo que piensen u opinen los ciudadanos, a los cuales considera una especie de seres inferiores que no merecen, ya no digamos una explicación, sino tan siquiera que se les hable con un mínimo de cortesía, urbanidad y buena educación.
Y esto nos lleva a un muy importante aspecto de la cuestión: la legalidad de la devastación del manglar. Lo que Berzunza, Fonatur y diversos funcionarios aducen, es que los permisos para desmontar y rellenar los terrenos del Malecón Tajamar fueron expedidos en 2005, antes de que se dictaran las normas y leyes de protección al manglar ahora vigentes, y que por tanto éstas no pueden aplicarse retroactivamente. Sin embargo, como se ha descubierto, dichas autorizaciones estaban sujetas a ciertas condicionantes que no se cumplieron. Por lo tanto, han quedado anuladas.
No sólo eso. El Centro Mexicano de Derecho Ambiental, Cemda, pudo comprobar que la información entregada a la Semarnat por Fonatur para obtener los permisos era fraudulenta por cuanto omitió señalar que casi dos tercios del terreno estaban cubiertos por diversos tipos de manglar, y que en aquel entonces el mangle se hallaba oficialmente en la categoría de especie sujeta a protección oficial. Esta es otra razón válida para que los permisos sean cancelados.
Y todavía hay más: la indagación de Cemda puso de manifiesto que la Semarnat otorgó los permisos para urbanizar esos terrenos de humedal pese a que el propio gobierno de Quintana Roo, entonces encabezado por el ahora senador Félix González Canto, quien no se caracteriza precisamente por defender los manglares sino todo lo contrario, emitió una opinión contraria y recomendó que el proyecto no se autorizara.
Finalmente, hay un punto que no está muy claro: cómo pudo Fonatur haber vendido esos terrenos que, por ser una zona de humedales al borde de una laguna costera, probablemente estaban considerados como parte de la zona federal marítimo-terrestre.
En suma: hay suficientes anomalías, incumplimientos, irregularidades y omisiones en el caso como para que sean anulados los permisos de desmonte y relleno de esos manglares y se detengan en definitiva los trabajos ya iniciados. Lo hecho, o sea la apertura de avenidas y la construcción del paseo a lo largo de la laguna Nichupté, hecho está. Pero esa infraestructura puede y debe ser aprovechada para que el Malecón Tajamar sirva al esparcimiento y recreación de los cancunenses, con su flora y su fauna originales, como un área verde de las que la ciudad es tan escasa.

www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=15&idTitulo=419766